La Tentación de Cristo Sermón 4

El Reverendo Thomas Manton. Nació en Laurence Lydiard, Somerset, fue educado en Hart Hall, Oxford, donde se graduó como B.A. 1639, años después se hizo Doctor en Divinidades. Fue ordenado Diacono por el Obispo Joseph Hall de Norwich. Luego fue nombrado profesor de la ciudad de Collumpton en Devon. Posteriormente fue llamado a la parroquia de Stoke Newington en Middlesex en el invierno de 1644-1645. Participó de la Asamblea de Westminster y en la publicación de la Confesión de Fe, llegó a predicar ante el Parlamento en varias ocasiones. Oliver Cromwell lo nombró uno de sus capellanes, fue expulsado de su iglesia en 1662, comenzó a tener reuniones privadas en su casa, pero en 1670 fue encarcelado por esto. Aun en su encarcelamiento continuó predicando y escribiendo, al punto que predicaba a los prisioneros y a los encargados de la cárcel, llegando a ser responsable de las llaves de esta cuando el carcelero estaba ausente. Posteriormente predicó al Rey y defendió la libertad religiosa, murió en su cama en Londres con 57 años de edad. Sus obras teológicas se imprimieron en 22 volúmenes.

“Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.” Mateo 4:5-6

Aquí está la respuesta de Cristo a la tentación, donde dos cosas son observables…

Primero, Cristo respondió.

Segundo, lo que Cristo respondió.

Primero, Cristo respondió. Cristo respondió más para convencer y confundir a este viejo engañador, para que no pensara que ignoraba sus artimañas, o que se encontraba pasmado en medio de este conflicto. También lo hizo para instruirnos sobre qué hacer cuando Satanás renueva sus asaltos contra nosotros, para que aprendamos a mantener nuestra defensa arriba, para no soltar nuestro soporte seguro que son las Escrituras.

Segundo, lo que Él respondió. “Escrito está”, etc. Sin embargo, no habría sido más satisfactorio haber dicho ¿Me es suficientemente manifiesto que soy el Hijo de Dios, que Él cuida de mí y que no es propio de los hijos de Dios correr sobre precipicios?

Yo respondo: no se trata de interponer sabiduría humana prescrita por Cristo, se trata de la sabiduría y el poder de Dios. Su respuesta es muy satisfactoria, por dos razones:

1. Es una herida en la garganta de esta tentación.

2. Es conveniente y provechoso para darnos otras instrucciones.

Cristo corta el cuello de la tentación al citar un pasaje de las Escrituras, especialmente Deuteronomio 6:16, “No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como lo tentasteis en Masah.Si no debemos tentar a Dios, entonces no es necesario demostrar ser el Cristo tentando la providencia de su Padre, no es necesario presentar una nueva prueba de su filiación y cuidado por Él. Por esto podemos observar implícitamente que la tentación del diablo no era buena ni provechosa para poner a prueba su filiación o el cuidado providencial de Dios. De esta forma es como si dijera, no es necesario más señales para probar mi filiación, ni expresaré ninguna duda de su poder y bondad hacia mí, como sí lo hicieron los israelitas en Éxodo 17:7, “Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?Este hecho alude a que nos está prohibido tentar a Dios.

2. Para que tengamos ventaja nos da otras instrucciones, tales como:

[1]. Debemos aprender a no desestimar incluso lo que consideramos menor en las Escrituras, aunque satanás y sus instrumentos abusen de ello; y que nada es más provechoso para disolver las dudas y las objeciones que puedan surgir de las Escrituras, que la comparación de una Escritura con otra. Porque la Escritura nunca se opone a la Escritura; hay un acuerdo justo y una armonía entre las verdades que se comparan, y un lugar de ellas no se contradice con otro, sino que en realidad se aclara y se explica. En una parte leemos que Dios tiene un gran cuidado de su pueblo, y usa el ministerio de los ángeles para ese fin y propósito; pero otro lugar nos dice: “no tentarás al Señor tu Dios”, es decir, no debemos buscar peligros, y perder su protección por una presunción irrazonable.

[2]. Nos enseña que las instrucciones que da la Escritura para todos, debe ser estimado como hablando en singular a cada persona, porque están incluidos en su universalidad. En Deuteronomio leemos: “No tentarás al Señor tu Dios”, sin embargo observamos que Cristo lo usa aplicándolo a su propio propósito: “No tentarás al Señor tu Dios”. Así es claro que quien no debe ser tentado por una gran multitud no debe ser tentado por alguien en particular. Así que al leer el Salmo 27:8, “Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová”, observamos que las Palabras de Dios invitan a todos, pero David se lo aplica a sí mismo.

[3]. Cristo se somete a sí mismo a la ley moral, y aplicó sus preceptos así mismo, no menos que nosotros, de esta forma Él es un patrón de obediencia para nosotros, que debemos dirigir y ordenar todas nuestras acciones de acuerdo con la Ley y la Palabra de Dios.

Doctrina. Aunque se tome por costumbre tentar a Dios, debe tener presente que este es un pecado grande y atroz. Al referirme a este punto, mostraré.

I. ¿En qué consiste tentar a Dios?

II. La atrocidad de este pecado.

I. ¿En qué consiste tentar a Dios? A continuación lo explicaré:

1. El objeto.

2. El acto.

Primero, el objeto, “El Señor tu Dios”. Para nosotros los cristianos sólo hay un Dios verdadero, Padre, hijo y Espíritu Santo. Ahora, algunas veces se dice que tentamos a Dios, y algunas veces a Cristo, y algunas veces también al Espíritu de Dios.

[1]. En las Escrituras se dice que tentamos a Dios, como en el Salmo 95:9, “Donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras”. Es decir, tentamos a Dios explícita o implícitamente.

(1). Explícitamente, con palabras simples y directas, que tienden al deshonor de Dios; o una duda de su presencia, poder y providencia, si no se les ha dado todas las cosas de acuerdo con sus fantasías y deseos. Como es el caso que leemos en el Salmo 78: 18, 19. “Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?” Así que como leemos en Éxodo 17:7, “¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?”. Ellos dudaron si la presencia de Dios estaba entre ellos, cuando tenían continuamente pruebas fecundas de ello. Las palabras las podemos entender en este sentido, ¿Quién sabe si Dios está presente? O, ¿ahora vemos la presencia de Dios? O también, ¿Él cuida de nosotros? ¿Sí o no?

(2). Implícitamente, o por interpretación, que es una forma más secreta de tentar a Dios, cuando el acto lo muestra, cualquiera sea la intención del autor. Como aquellos que estaban a punto de imponer la carga de los ritos de la ley de Moisés a los nuevos conversos de los gentiles, esto se encuentra registrado en Hechos 15:10: “Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” Es decir, ¿Por qué no cedes la voluntad de Dios, aparentando someterte a ella, como si fueras a probar que Dios ha pedido algo de sus siervos adicional a la fe en Cristo? Su voluntad fue claramente manifiesta con respecto a esto por lo que le sucedió a Cornelio; o como si probáramos para ver si Dios lo toma a bien para imponerle a sus discípulos un yugo que Él no aprueba.

[2]. Se dice que tentamos a Cristo; y esto puede ser considerado tal como ocurrió en los días de su encarnación, o en su estado de gloria, y también con respecto a su presencia invisible.

(1). En los días de su encarnación era frecuentemente tentado por los Escribas y Fariseos, quienes no estaban satisfechos con su misión, aun a pesar de todas las señales y maravillas que Él había hecho entre ellos; así leemos en Mateo 16:1, “Y llegándose los Fariseos y los Saduceos para tentarle, le pedían que le mostrara señal del cielo”. Así también en Mateo 22:18, “¿Por qué me tentáis hipócritas?”, lo vemos también cuando los Fariseos y los Herodianos vinieron a preguntarle sobre el pago de tributos. Incluso lo leemos en Lucas 10:25, “Y he aquí, un doctor de la ley, se levantó, tentándole”.

(2). En su estado de gloria, y con respecto a su presencia invisible. Los israelitas en el desierto lo tentaron antes de que viniera encarnado, y los cristianos pueden ahora tentarlo después de su ascensión al cielo. Ambas formas de tentación se encuentran en un solo lugar, 1 Corintios 10:9: “Ni tentemos a Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes”.

¿Cuál fue la tentación a la que se refiere Corintios de Cristo en el desierto? Si es considerado Dios, sabemos que tenía una subsistencia antes de encarnarse de la Virgen; y en este sentido como tentaron a Dios, también se puede decir que tentaron a Cristo; toda la aflicción, la vergüenza y la desgracia que cargaron esas personas se le llama el vituperio de Cristo, Hebreos 11:25-26, nos dice: “Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado. Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios”. Por lo tanto su murmuración puede ser considerada una tentación de Cristo. Cristo es la cabeza perpetua de la Iglesia, quien en su propia persona dirigió a la gente y estuvo presente en medio de ellos bajo la noción del ángel del pacto. El eterno Hijo de Dios los guio en el desierto, Éxodo 23: 20-23, “He aquí yo envío el Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión: porque mi nombre está en él. Pero si en verdad oyeres su voz, é hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo a tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Ángel irá delante de ti, y te introducirá al Amorreo”, etc. Este Ángel no puede ser otro que Cristo, cuyo oficio es mantenernos en el camino, y llevarnos al lugar que Él ha preparado para nosotros. Él es quien debe ser obedecido por el pueblo de Dios, sólo Él puede perdonar sus trasgresiones, en Él está el nombre de Dios, porque no se lo comunicará a ningún otro que no tenga la misma sustancia que Él mismo: Dios está en Él, y Él en el Padre, y su nombre es, “Jehová nuestra justicia”. Así que leemos en Éxodo 33:14: “Y Él dijo: mi rostro irá contigo, y te haré descansar”. Mi presencia, es decir, mi Ángel, mencionado anteriormente se llama, “El Ángel de su presencia”. Isaías 63:9 nos dice, “En toda angustia de ellos, Él fue angustiado, y el Ángel de su faz los salvó”. Este Ángel es llamado Jehová, en Éxodo 13:21 leemos, “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube,” etc. Este Ángel de la presencia de Dios, no era otro que Jesucristo, el guía de ellos en el desierto, quien los protegió y los condujo seguros desde Egipto hasta Canaán. Y nosotros, los cristianos, también podemos tentar a Cristo, porque el Apóstol nos advierte contra esto. También tentamos a Cristo, ahora ascendido al cielo, cuando desobedecemos sus leyes, cuestionamos su autoridad, dudamos de sus promesas, después de que incluso el implementa numerosos medios para producir convicción en nosotros, de que Él es el Mesías, el Hijo de Dios; se cansan de su religión, aborrecen el maná espiritual y comienzan a sentirse saturados con el evangelio, y se desaniman en el camino a nuestro Canaán celestial, a donde nos encontramos viajando.

[3]. Se dice que el Espíritu Santo también es tentado, esto lo leemos en Hechos 5:9, “¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor?”, es decir, le tentaron debido a su hipocresía y disimulación, sometiéndose de esta forma a juicio, ellos pensaron que Él no podía descubrirlos en su pecado, ¿lo lograrían si o no?; así se esforzaron tanto como les era posible para engañar al Espíritu reteniendo parte del precio, es decir, con esta acción lo pondrían a prueba, ellos se preguntaban ¿El Espíritu Santo podría descubrir esa trampa con la falacia que implicaba? ¿Sí o no? No se trataba sólo de engañar a los Apóstoles quienes estaban llenos del Espíritu Santo y tenían espíritu de discernimiento, aunque ante ellos presentaron su mentira. Acaso no dice el Apóstol: “No habéis mentido a los hombres, sino a Dios”, ver el verso 4; y por lo tanto, se dice que “tientan al Espíritu Santo”, ¿si acaso Él podría sorprenderlos o no? Esto ocurrió aun cuando ellos tenían muchas experiencias del cuidado y respeto de Él por su Iglesia, y de todos los asuntos que le pertenecían; de esta forma observamos que la herida no fue hecha contra los Apóstoles sino al Espíritu Santo mismo.

En segundo lugar, el acto en sí mismo ¿Qué es tentar a Dios? La tentación es probar una cosa o a una persona, ver de qué está hecha, lo que es y lo que es capaz de hacer. Por lo tanto, tentamos a Dios cuando lo sometemos a prueba, si acaso Dios es tan bueno como dice su Palabra y dudar de su parte conmemorativa y promisoria, o si Él es tal y como se lo considera. Ahora bien, esto puede ser legal o ilegal, todo dependiendo de que el juicio se haga con humildad y con obediencia, o si lo hacemos con orgullo y pecaminosamente, es decir, como si pretendiéramos que Dios hiciera algo determinado a nuestras prescripciones. Y también debemos tener en cuenta si dicho juicio es necesario o no. Así, se dice que tentamos o pecamos contra Dios cuando hacemos un experimento innecesario de su verdad, bondad y poder, dudar del cuidado de Él por nosotros, habiendo tenido suficiente seguridad de estas cosas antes.

[1]. Hay una tentación o prueba de Dios en una forma de deber. Así nos invita Malaquías 3:10, “Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”. Dios allí se somete a juicio sobre dicha experiencia, aunque deberíamos creerle por su sola palabra, sin embargo, nos hará esperar las cosas buenas que nos ha prometido, y en este sentido se dice: “Es acendrada la palabra de Jehová: Escudo es a todos los que en él esperan”, Salmo 18:30. Todos aquellos que construyen su esperanza sobre la Palabra de Dios y confían ver lo que el Señor hará, encontrarán que Dios cumplirá su Palabra. Así es nuestro deber constante observar la verdad y la fidelidad de Dios. Suspender nuestra creencia mientras que el evento no es seguro, pero esperar, observar lo que Dios hará en relación con el evento, es un deber incuestionable.

[2]. En algunos casos hay una molestia permitida por Dios. No podemos decir que sea un deber, porque solo se justifica por la especial indulgencia y dispensación de Dios; y no se puede decir que sea un pecado, debido a la gracia de Dios para con su pueblo como lo observamos en Jueces 6:39, “Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez: solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Ruégote que la sequedad sea sólo en el vellón, y el rocío sobre la tierra.” La petición no fue de desconfianza y malicia, sino de flaqueza y de una fe débil, no por infidelidad para tentar a Dios, sino por humildad; como él era consciente de su propia debilidad, deseaba esta ayuda, para una mayor confirmación de su fe con respecto a su llamado a este trabajo como un instrumento autorizado y que dispondría de todo lo requerido y alcanzaría el éxito, también para confirmación de los otros que lo siguieron. A este encabezado remito la prueba y experimentación que solicitó Tomás. En Juan 20:25, leemos: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”. Aquí había debilidad en Tomás, que le llevó a suspender su fe en tal condición, pero un Apóstol debía ser un testigo ocular de las cosas que se hicieron, especialmente de su resurrección, y por lo tanto, Cristo condescendió dócilmente a su petición, ver el verso 27, “Mete tu dedo aquí, y ve mis manos: y alarga acá tu mano, y métela en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel”. Así lo relaciono con las debilidades: Él le permite comprobar con sus sentidos, pero con un poco de reproche. A este encabezado también puede referirse el caso de Ezequías, quien, cuando estaba enfermo de una enfermedad terminal, y el Señor le había prometido extraordinariamente, en su luto, que se recuperaría nuevamente, le pide una señal para la confirmación de su fe, lo cual Dios le concede, esto lo podemos leer en 2 Reyes 20:8-9. También podemos señalar el caso de Acaz, quien, cuando el profeta le dijo “pide una señal”, él respondió como está en Isaías 7:12: “Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová”. No creía nada de lo que el profeta había hablado, y estaba decidido a seguir su camino, pero fingió un respeto reverente y religioso hacia Dios. Este tipo de tentación a Dios es para Él tolerable, siendo un acto de condescendencia en Dios ante la debilidad de su pueblo.

[3]. Hay una tentación de Dios que es pecaminosa, esta se hace de dos maneras:

(1). Generalmente, toda transgresión, en un sentido general es una forma de tentar a Dios, para entender esto podemos leer Número 14:22, “me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz”. Cada eminente y notable provocación de ellos se llama una tentación de Dios, ya sea que Él ejecute la venganza sobre ellos o no. De este modo, tentamos a Cristo cuando caemos en un pecado voluntario y conocido, lo sometemos a pruebo en lo que Él hará y en lo que es capaz de hacer, entramos en la lista contra Dios, provocándole a un combate, en 1 Corintios 10:22, leemos; “¿O provocaremos á celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él?” Así, intentamos demostrar si Dios será tan severo como sus amenazas lo dicen, como si pudiéramos hacer algún experimento de su enojo, justicia y poder. Este tipo de tentación a Dios se ve agravada por la infidelidad y la presunción. Hay infidelidad en esto cuando nos atrevemos a pecar contra la luz clara y los remordimientos de conciencia, aventurándonos a tener en poco sus amenazas. Tú no puedes evitar que un tonto sordo no caiga en fuego que se enciende delante de él, esta es la idea que aprendemos de Proverbios 1:17, “Porque en vano se tenderá la red Ante los ojos de toda ave”. Y hay presunción en ello, por lo tanto, estos actos voluntarios de rebelión se llaman pecados presuntuosos, aquí podemos meditar en el Salmo 19:13, “Detén asimismo a tu siervo de las soberbias”. Los pecados groseros y escandalosos se describen como tentar a Dios, leamos al respecto, Malaquías 3:15, “Decimos pues ahora, que bienaventurados los soberbios, y también que los que hacen impiedad son los prosperados: bien que tentaron a Dios, escaparon”. Y la Escritura nos dice que Ananías y Safira “tientan al Espíritu Santo”, Hechos 5:9. Por medio de los pecados abiertos y voluntarios, los hombres se atreven a enfrentar a Dios, por los pecados secretos sometemos a prueba el hecho de si Dios es un Dios que todo lo ve y descubrirá esta hipocresía. Ambos concluyen que lo harán lo suficientemente bien, aunque rompen sus leyes, y corren voluntariamente sobre prácticas malvadas prohibidas por su ley.

(2). Más particularmente tentamos a Dios de dos maneras, en forma de desconfianza o presunción. Ambos surgen de la incredulidad, aunque parecen ser extremos contrarios, la presunción por su parte puede parecer surgir de una confianza excesiva, sin embargo, si se mira detalladamente, encontraremos que los hombres asumen caminos injustificados, porque no creen que Dios hará lo que se debe hacer en su propio tiempo y a su manera. Como por ejemplo, si los israelitas hubieran creído que Dios, a su tiempo y a su manera, habría destruido a los cananeos, no habrían sido presumidos contra su encargo expreso, marchando contra ellos sin el arca y sin Moisés, como lo hicieron y se encuentra descrito en Números 14:40, hasta el final, ellos presumen que subieron la cima de la colina y luego se sintieron desconcertados. Pero la presunción en algunos es más visible, en otros la desconfianza, por eso hacemos dos clase de ellos.

[1°]. En una forma de desconfianza. Y eso se hace de varias maneras, pero todas confluyen en esto: no contentos con lo que Dios ya ha hecho para afirmar nuestra fe, prescribimos nuestros propios medios, reñimos con Él en los términos de nuestras propias maneras. Así como lo hicieron los israelitas, lo cual se puede leer en Éxodo 17:7, “Y llamó el nombre de aquel lugar Massah y Meribah, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron á Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?”. Tenían señales suficientes de la presencia de Dios, la columna de nube y de fuego, que iba delante de ellos de día y de noche, pero esto no les era suficiente, ellos querían sus propias señales. Entonces se dice también que los judíos tientan a Cristo, porque buscaron una señal del cielo, como lo podemos ver en Mateo 16:1, “Y llegándose los Fariseos y los Saduceos para tentarle, le pedían que les mostrase señal del cielo”. Él había dado evidencia suficiente de su misión y poder divino para expulsar a los demonios y curar a los debilitados y enfermos. Igualmente, para ellos esto no era suficiente, pedían una señal del cielo según su propia prescripción. El diablo está listo para poner tales pensamientos en nuestra mente. Si Dios está con nosotros, que lo demuestre haciendo esto o aquello, y estamos dispuestos a exigir pruebas más fuertes del poder y de la presencia de Dios con nosotros de lo que Él permite. Este es un pecado frecuente hoy en día, y los hombres son culpables del mismo de muchas maneras.

Primero, algunos no creerán el evangelio a menos que vean un milagro o escuchen una profecía. Cristo ilustra sus pensamientos en el evangelio de Lucas 16:30, “El entonces dijo: No, padre Abraham: más si alguno fuere a ellos de los muertos, se arrepentirán”. Ellos quieren otros medios que les den seguridad aparte de los que Dios permite, y no están contentos con su Palabra y sus obras, por los que Él se nos revela a nosotros mismos, pero si pretenden satisfacerse bajo su propio gusto, ellos piensan que probarán su voluntad y poder, y luego creerán. Estos tientan a Dios, y por lo tanto no es de extrañar que Dios no haga por ellos lo que ellos requieren.

En segundo lugar, algunos no creerán en la providencia de Dios, sino que cuestionarán su poder y bondad, el cuidado que tiene de nosotros y nuestro bienestar, aun cuando Él nos da pruebas suficientes de ello. Incluso aunque Él se haya preocupado de convencer a nuestra incredulidad al suplir nuestras necesidades, e incluso ya lo ha hecho suficiente y abundantemente para demostrar su poder, su justicia, verdad y disposición para ayudarnos, no deseamos creer a menos que nos brinde una prueba nueva y extraordinaria según el gusto de cada uno, tal como pretendemos prescribirlo, así lo leemos en el Salmo 95:9, 10, “Donde me tentaron vuestros padres, Probáronme, y vieron mi obra. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos”. Ellos vieron sus obras, se alimentaron y vistieron milagrosamente, pero aún ellos esperan nuevas pruebas. Las Escrituras mencionan dos maneras de tentarlo en cuanto a su providencia:

Una de ellas fue el hecho de pretender que Dios tuviera la tarea de satisfacer sus deseos y afectos carnales, como leemos en el Salmo 78:18, “Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto”. De este pecado son culpables todos aquellos que creen que Dios tiene que mantenerlos en determinado nivel, deben tener tal provisión para ellos y los suyos, o de lo contrario no pueden creer en su verdad y cuidado. Al igual que los israelitas, los tales piensan que Dios tiene el deber de darles una dieta festiva en el desierto, o de lo contrario ya no creerán en su poder.

La otra forma de tentar a Dios con respecto a su providencia, es pretender que podemos confinarlo a nuestro tiempo, modo y medio de trabajo, veamos lo que nos dice el Salmo 78:41, “Y volvían, y tentaban a Dios, Y ponían límite al Santo de Israel”. Limitar a Dios es pretender confinarlo dentro de un círculo de nuestra propia creación, y si no les ayuda con los medios que piden en el tiempo que desean como aquellos que son mencionados en el texto, no se demorarán en tildar a Dios de ocioso, ellos piensan que no es necesario depender de Él para recibir su ayuda. De este modo, ponen límites a su sabiduría y su poder, como si Él no pudiera hacer más de lo que ellos creen que puede. Así también prescribimos los medios y los tiempos para Dios, y tenemos la osadía de pretender establecer reglas sobre cómo debe el Señor gobernar el mundo. De esta forma, una manera habitual de tentar a Dios ahora es cuando no somos justos y mansos en el camino y el ritmo que el Señor ha designado, estos se ofenden porque sienten tedio y aburrimiento por la providencia de Dios y se apresuran a tomar sus propios caminos más cortos, veamos Isaías 28: 16, “el que creyere, no se apresure”, más el que no cree se precipita, él debe tener la misericordia, el poder y la bondad de Dios manifestados según su gusto y en su tiempo.

En tercer lugar, algunos no estarán satisfechos en cuanto a su estado espiritual sin alguna prueba, o tal clase de seguridad que Dios normalmente no garantiza a su pueblo. Suponiendo ellos que deben ser alimentados con postres espirituales, y rebosar de consuelo sensato en todo deber sagrado, o de lo contrario están llenos de pensamientos inquietantes acerca de si Dios los ha aceptado o no. No debemos perder los asuntos de la fe de vista y estos deben ser experimentados con nuestros sentidos, o de lo contrario no nos consolaremos en ellos. Pero no debemos limitar a Dios esperando que Él brinde las pruebas de amor que nosotros deseamos, ni prescribir las señales que Él no prometió, sin embargo, estudie este tema en la Palabra. Porque Dios no siempre nos tratará con experiencias que podamos sentir. A Tomás se le permite tocar a Cristo, pero a María no se le permite tocarlo, como podemos ver en Juan 20:17 en comparación con el verso 27.

[2°]. En una manera de actuar que demuestra presunción, esta forma de tentación se evidencia cuando sin contar con ninguna garantía, presumimos del poder y la providencia de Dios. Como aquel momento en el que el diablo tentó a Cristo incitándolo a arrojarse desde el pináculo del templo, para que probara que Él se haría cargo de Cristo en la caída, ante lo cual el Señor responde, “No tentarás al Señor tu Dios”. Ahora este tipo de tentación se puede ejecutar de varias maneras.

Primero, cuando presumimos de la ayuda de Dios, abandonando los medios y los caminos ordinarios por Él establecidos ¿Cristo no se lanzaría abajo cuando le era posible bajar caminando por las escaleras del templo? Él podía caminar sobre las almenas del templo al igual que abajo en el suelo. Cristo, quien podía caminar sobre el mar en la angustia de sus discípulos, en casos ordinarios bien tomaba un barco. Quien no utiliza los medios ordinarios que Dios ha designado, esperando en casos ordinarios provisiones extraordinarias, tienta a Dios. Dios es capaz de sacar agua de la roca, cuando no hay nada más que rocas y piedras, pero cuando podemos esperar encontrar agua de un manantial, debemos cavar para ello. Dios puede hacer llover maná del cielo, pero si la tierra produce maíz debemos cultivarla. Cuando Eliseo estaba en una pequeña aldea, sin poder hacer defensa contra los asirios, Dios le suplió carros y jinetes de fuego para defenderlo, como lo leemos en 2 Reyes 6:17; Sin embargo, cuando él estuvo en Samaria, un pueblo fuerte y amurallado, y el rey de Israel había enviado a buscar su cabeza, dijo a los que estaban con él, “cierra la puerta”, verso 32. Cristo en tierras no cultivadas alimentó milagrosamente a muchos, pero estando cerca de la ciudad, “envió a sus discípulos a comprar pan”, Juan 4:8. Cuando la iglesia de Dios necesitó ayuda, inicialmente, Dios les confirió dones milagrosamente, pero posteriormente, ordenó a cada hombre dedicarse a sus estudios, 1 Timoteo 4:16, “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto, a ti mismo salvarás y a los que te oyeren”. En resumen, la omnipotencia de Dios no se evidencia milagrosamente durante los tiempos en los que contamos con medios ordinarios para ayudarnos a nosotros mismos. Despreciar los medios ordinarios, y esperar algo extraordinario, es como si un hombre se quitara la ropa y luego espera que Dios lo proteja del frío.

En segundo lugar, cuando esperamos alcanzar algún fin determinado sin ser diligentes en el uso de los medios. Si Ezequías hubiera rechazado el manojo de higos, o los compañeros de Pablo hubieran rechazado subir al barco, ellos habrían tentado a Dios. Cuando deseamos la bendición, no debemos rechazar ni descuidar ningún buen medio para recibirla. En las cosas espirituales, esto es muy usual, los hombres esperan obtener el fin sin los medios. En las cosas temporales, pronto confesaremos que deben existir medios utilizados, “Porque si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma”, 2 Tesalonicenses 3:10. En la guerra no se puede esperar la victoria sin luchar. Solo en las cosas espirituales pretendemos hacerlo suficientemente bien, aunque nunca nos esforzamos clamando por conocimiento, ni queremos cavar para ello; esta es una forma de tentar a Dios, en Proverbios 2:3-5 leemos, “Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz; Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros; Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios”. Soñamos con el cielo cuando no hay mortificación presente y no nos ejercitamos para la piedad. Muchos dicen como Balaam: “Muera mi persona de la muerte de los rectos, Y mi postrimería sea como la suya”, Números 23:10, pero no se preocupan por vivir la vida de los justos. Si no pueden sentirse como encantados por una presunción de seguridad de salvación, nunca serán diligentes para asegurar su llamado y elección. Esto viene de la dureza del corazón, no de la fuerza de la fe. Muchos aplazan su conversión para el último momento, y luego piensan que en un abrir y cerrar de ojos como en un santiamén estarán en el cielo con Elías en un torbellino. Esto lo podemos resumir en una oración de Sir Thomas More, Domine, Deus, fac me in iis consequendis operam collocare, pro quibus obtinendis te orare soleo – “¡Señor! Otórgame dolores que me hagan desear conseguir esas cosas, que para obtenerlas necesito valerme de la oración”. De lo contrario tentamos a Dios.

Tercero, cuando sin ser llamados, nos precipitamos a cualquier peligro o nos lanzamos a él, con la expectativa de que Dios nos rescatará nuevamente. Como si Cristo, cuando nadie amenazaba con abatirlo, se hubiera abatido voluntariamente. Ya sea que el peligro sea cierto, o inevitable o muy probable, no debemos lanzarnos sobre él; pero, cuando Dios nos llama, podemos esperar su ayuda de acuerdo con sus promesas, como por ejemplo ir a lugares y casas infectadas. En casos espirituales a menudo se hace. Los hombres que frecuentemente se encuentran experimentando, han encontrado que tales cosas terminan siendo para ellos una ocasión de pecado, sin embargo, son tan presumidos que hacen lo mismo una y otra vez, estos tientan a Dios, viajan a los aposentos del diablo, van a lugares y se relacionan con compañías peligrosas donde es probable que se corrompan, por ejemplo, podemos contrastar cuando Pedro tuvo que entrar en el salón del sumo sacerdote con aquellos que voluntariamente van a vivir en el seno de familias papistas. Oramos para no caer en tentaciones, pero si nos dirigimos nosotros mismos a ella ¿Qué será de nosotros? Esto es lo que hacemos, cuando nos arrojamos sobre tentaciones, y peligrosas ocasiones de pecado.

En cuarto lugar, cuando emprendemos cosas para las que no estamos equipados y ni preparados, ya sea ocasional o permanentemente, puede ser incluso algo tan frecuente como hablar en gran medida sin meditar. Este tipo de tentación también se da cuando un hombre sin entrenamiento ni experiencia emprende una controversia de peso, y quiere llevar sobre sus hombres una buena causa, así tentamos a Dios cuando emprendemos cosas que están por encima de nuestra fuerza corporal, y finalmente todos nos condenarán; por lo tanto, emprender cosas para las cuales no estamos capacitados es ilegal. Los hijos de Sceva se atrevieron a tomar a un hombre endemoniado para exorcizar al diablo, “Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando en ellos, y enseñoreándose de ellos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos”, Hechos 19:16.

En quinto lugar, otro tipo de tentación a Dios es cuando nos acercamos a Él con un ídolo en nuestros corazones, es decir, cuando las personas necesitan resolver alguna cosa, ellos irán y pedirán consejo a Dios. Así, en todos los asuntos que debemos resolver, debemos pedir la autorización de Dios, su consejo y su bendición; pero hay unos que primero resuelven el asunto y después quieren el consejo de Dios. Por lo tanto, Dios dice en Ezequiel 14:4, “Háblales por tanto, y diles: Así ha dicho el Señor Jehová: Cualquier hombre de la casa de Israel que hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniere al profeta, yo Jehová responderé al que viniere en la multitud de sus ídolos”. Balaam proseguía teniendo en mente recibir paga por obrar con injusticia, pero sin embargo, no es capaz de ir sin Dios, incluso preguntaría una y otra vez, esperando que Dios lo permitiera, esto lo leemos en Número 22:12, comparado con los versos 20 y 22. Dios le respondió con ira, según el ídolo de su corazón. De este modo, se ve a los hombres tentando a Dios, cuando ya sea por falta de confianza o por presunción, buscan experimentar su sabiduría, poder, justicia, verdad, bondad, contra su Palabra, mandamiento y el orden que Él ha establecido, al igual que los israelitas, cuando los medios fallaron, murmuraron y prescribieron el tiempo, los medios y la forma de liberación, como si sometieran a Dios a sus deseos.

II. La Atrocidad del Pecado

1. Porque es una gran arrogancia cuando buscamos someter al señor a nuestra dirección, voluntad y afectos carnales. Pretender imponer prescripciones a Dios demuestra una atribución demasiado grande para nosotros mismos. Ciertamente, el Señor no puede soportar que su pueblo, que debe depender totalmente de Él, someterse a Él y ser gobernado por Él, pretenda prescribirle lo que quieren, cómo y cuándo debe ayudarlos, y llegar al colmo de pensar que su poder y su bondad deben estar siempre presentes y a la disposición de sus estados de ánimos ociosos y sin sentido. La dirección de todos los asuntos del mundo es una de las flores de la corona de Dios. Ahora bien, estar en desacuerdo con su santo gobierno es una arrogancia presuntuosa en la criatura, pretenderemos entonces modelar nuestras misericordias, y elegir nuestros medios y no demorar el tiempo que ha designado para nuestro alivio, sino que lo anticiparemos y lo acortaremos de acuerdo con nuestros caprichos. Dios es soberano, somos como barro en sus manos, Él es nuestro alfarero, y sólo Él puede prescribir la forma en que debemos ser formados, y el uso que nos quiera dar, tal como lo enseña Jeremías 18:6, “¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel, dice Jehová? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”. Él tiene pleno derecho de disponer de la criatura como le plazca, y de acuerdo con el consejo de su propia voluntad, a la que debemos estar sujetos sin murmurar o arrepentirnos. No podemos decirle, ¿Qué haces? O ¿Por qué haces esto? En Isaías 45:9, leemos, “¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces; o tu obra: No tiene manos?” Es igualmente tentador murmurar antes de que las cosas sean como hacerlo después de que ya han ocurrido.

2. Es una gran incredulidad, o un cuestionamiento del poder, la misericordia, y la bondad de Dios para con nosotros. Debemos depender enteramente de Dios para la salvación y saber que Él suplirá todo lo necesario para esta, que Él proveerá para todas nuestras necesidades, que nos sacará de todos los apuros, de la forma que sea más idónea para nuestro bienestar y su honor. Pero ahora no estamos satisfechos con la seguridad que Dios nos ha dado en sus leyes sobre las cuales se relaciona con nosotros; debemos tener pruebas extraordinarias, o de lo contrario cuestionamos todo. Tentar a Dios de esta forma, es más bien oponerse al santo temor y reverencia que le debemos a Él, sin embargo, esto principalmente y en sí mismo, es más bien opuesto a la supuesta confianza que tenemos. Y aunque lo tomamos como un pecado que sostiene demasiada confianza, o una audacia injustificable para esperar formas inusuales de ayuda de Dios, sin embargo, generalmente este pecado pertenece a la incredulidad y a la falta de confianza, y es engendrada en esta. Por lo tanto, sometemos a prueba a Dios, lo tentamos, porque desconfiamos de su ayuda y no estamos satisfechos con su bondad y poder, esto hasta que tengamos otros testimonios de los mismos, que normalmente se dispensan. Por eso la Escritura expone la verdadera razón de por qué tentaron a Dios como lo leemos en el Salmo 78:22, “Por cuanto no habían creído a Dios, Ni habían confiado en su salvación”. Ellos deben tener su propia salvación, su propio forma de suplir sus necesidades y su propia forma de liberación, o de lo contrario no pueden confiar en Dios si Él no los ayuda en su momento y por sus medios.

3. Afloja los lazos de toda obediencia, porque establecemos nuevas leyes para relacionarnos con Dios, ya que cuando ponemos en duda la fidelidad de Dios para con nosotros a menos que Él haga lo que a nosotros nos parece, esto no es otra cosa que establecer bajo sospecha la fidelidad de Dios. Por lo tanto la desobediencia es el fruto que produce tentar al Señor, así como lo leemos en el Salmo 78:56, “Mas tentaron y enojaron al Dios Altísimo, Y no guardaron sus testimonios”. Los que tientan a Dios desechan su gobierno y las normas de obediencia a Él, y conducen a los demás a vivir para ellos mismos. La pregunta es, ¿Quién dirige a quién? ¿Él a nosotros o nosotros a Él? Decimos que a menos que Dios haga esto y aquello, no creeremos más en su poder ni le serviremos.

4. Es una gran ingratitud o disminución de los beneficios y obras que Dios ya ha hecho por nosotros, así como se encuentra registrado en el Salmo 78:20, “He aquí ha herido la peña, y corrieron aguas, Y arroyos salieron ondeando: ¿Podrá también dar pan? ¿Aparejará carne a su pueblo?” Como si lo que Él ha hecho en el pasado en nuestro favor no fuera nada. Ahora, Dios no puede tolerar que sus beneficios sean disminuidos por nosotros, o que sus obras anteriores sean olvidadas o despreciadas.

5. La falta de dominio propio, en lugar de conducirnos a quererle, nos lleva a tentar a Dios. Hay una inclinación en los hombres que le mueve a desear probar diversas tendencias, también a condenar las cosas que son cotidianas, y un gustos por las novedades extrañas. A los israelitas les dijeron, tan claro como podría ser posible, que no debían reservar el maná hasta la mañana, de hecho, no les era necesario reservarlo, ellos lo tenían fresco todos los días, sin embargo, se apresuraron a conservarlo por motivo del experimento, para probar si apestaría o no, Éxodo 16:20. Y a pesar que se les prohibió recogerlo en el día de reposo, por lo cual era necesario recogerlo la tarde anterior para así reservar lo suficiente para dos días, y que se les dijo enfáticamente que no debían buscar ninguno durante el día de reposo, no obstante esto, ellos en su obstinación aún deben intentarlo. En cualquier lugar que sea necesario, el hombre puede comprometerse con la providencia de Dios y confiar en Él, y donde nos fallen los medios ordinarios, Dios puede ayudarnos mediante su mandato, para que podamos decir con Abraham, cuando no tengamos ayuda presente, “En el monte de Jehová será provisto”, Génesis 22:14, y con Moisés cuando el Mar Rojo estaba delante de ellos, y el enemigo les asediaba por la retaguardia, “No temáis; estaos quedos, y ved la salvación de Jehová, que él hará hoy con vosotros”, Éxodo 14:13. Cuando Elías estaba en apuros, el ángel le trajo alimento, 1 Reyes 19:5-6; cuando Agar e Ismael estaban en el desierto, y la botella se le agotó, Dios la consoló desde el cielo, Génesis 21:17; cuando los tres jóvenes estaban en el horno ardiendo, Dios envió un ángel para que los liberara, Daniel 3:28. Pero a pesar del testimonio de las Escrituras, ahora en el deseo desenfrenado de esperar evidencias extraordinarias que demuestren el cuidado de Dios sobre nosotros, cosa que no es necesaria pues Él ya ha sido fiel en suplir los medios ordinarios para nuestro sustento, vemos que todo esto es en realidad una forma de tentar al Señor, así como lo leemos en el Salmo 106:14, “Y desearon con ansia en el desierto; Y tentaron a Dios en la soledad”, siendo que ellos tenían tantas convicciones sobre el poder y la providencia de Dios sobre ellos, que debieron más bien ser seducidos a una confianza y dependencia plena y gozosa de ellos a Él, sin embargo, preferían la vida de lujos que tenían en Egipto, extrañaban los alimentos de primera clase a los que sus apetitos estaban acostumbrados, y debido a que ya no tenían ese festín en el desierto, reprocharon a Moisés por haberlos sacado de Egipto a morir en el desierto, por lo tanto ahora Dios está en la obligación de mostrarles un milagro, no para satisfacer sus necesidades, sino para mimar y alimentar sus deseos, como bien lo describe el Salmo 78:18-19, “Pues tentaron a Dios en su corazón, Pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, Diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?” Así pues, estos demandan que se debe preparar una gran mesa, Dios tiene el deber de entregarles un festín en el desierto.

6. Evidencia la impaciencia, leamos el Salmo 106:13, 14, “Apresuráronse, olvidáronse de sus obras; No esperaron en su consejo. Y desearon con ansia en el desierto; Y tentaron a Dios en la soledad”. Esta palabra nos enseña que su apresuramiento los enfermó, y no les condujo a la abundancia que les había sido prometida, observemos en el libro de Números 20:5, “¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas, ni granadas: ni aun de agua para beber”, pero ¿En qué consistía la abundancia prometida en la tierra de Canaán? Observamos que ellos se apresuraron, estaban impacientes por tener que esperar en el tiempo de Dios la herencia prometida, pero como no la recibieron en su tiempo, desearon retornar a Egipto. Es tentador porque no podemos esperar la promesa de Dios en nuestro tiempo, ellos salieron apasionadamente en busca de su abundancia, la cual querían conseguir en sus fuerzas y tan pronto como se encontraran con alguna dificultad concluyeron ligeramente que fueron traicionados, sin esperar con paciencia el tiempo de Dios, que es cuando Él cumple sus promesas.

7. La magnitud del pecado se evidencia por el castigo que los mismos reciben, las Escrituras nos mencionan un ejemplo, 1 Corintios 10:9, “Ni tentemos a Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes”, fueron picados por serpientes porque tentaron a Dios, y murmuraron debido a la extensión del camino y porque no podían llegar a Canaán con prontitud, así, el apóstol nos dice que todas las cosas que le sucedieron a Israel en la antigüedad les sucedió como patrones de la providencia. De esta manera, un pueblo podría leer fácilmente su propia condena y destino si llegaran a sacudir el polvo de las antiguas providencias de Dios de tal forma que pudieran observar qué pruebas y características de su justicia, sabiduría y verdad están grabados allí. El desierto del pecado sigue siendo el mismo, y la exactitud de la justicia divina sigue siendo la misma, por lo tanto, lo que ya ha ocurrido es una promesa y un registro de lo que puede volver a ocurrir si es que caemos en crímenes similares. Dios es imparcial e inmutablemente justo, Él es uno, como nos enseña Gálatas 3:20. Dios es uno, siempre en consonancia consigo mismo, y es un reflejo de sí mismo, su poder es el mismo al igual que su justicia. Incluso los libros históricos en la Palabra son un tipo de profecía, no sólo un registro y una crónica de eventos pasados, sino un tipo de calendario y pronóstico de lo que está por venir. Las historias que nos narran las Escrituras se dejan como constancia para nuestro aprendizaje, así es especialmente en la historia que nos cuenta el paso de Israel a través del desierto destino a Canaán.

Aplicaciones. No tentemos a Dios en ninguna de las siguientes formas que mencionaré a continuación:

1. No exigiendo nuevas pruebas de fe, cuando Dios ya ha dado suficiente; no tentemos asumiendo una actitud escéptica y con una falta de resolución en los puntos de la religión, condicionando nuestra fe a que vengan nuevos anuncios desde el cielo con el poder de obras milagrosas y por la dotación de dones extraordinarios como hacen los incrédulos. Muchos dudan de la religión, quisieran ver una aparición y quedar satisfechamente sorprendidos con algo extraordinario, lo cual Dios no les daría en cada situación insignificante que se les ocurra. Esto fue común a los fariseos, ellos debían tener una señal del cielo, al igual que los papistas, quienes piden que los maestros protestantes demuestren su llamado y comisión por medio de milagros, de igual forma ocurrió con los judíos, estos creerían si Cristo bajara de la cruz. Suspender nuestra fe hasta que Dios nos de lo que demandamos en nuestros propios términos es tentar a Dios, y para despojarte de esta presunción considera:

[1]. Las señales y maravillas hechas en una época y en un momento específico para la confirmación de la verdadera religión, debería ser suficiente para todas las edades y tiempos posteriores; definitivamente es una forma de tentar a Dios el pedir más señales y maravillas para la confirmación de esa verdad, que ya está suficientemente confirmada, por lo cual hay una tradición buena y segura de estas cosas para nosotros. La entrega de la ley fue acompañada de truenos y relámpagos y el sonido de una terrible trompeta, como bien lo registra Éxodo 19, por lo cual la ley fue autorizada y entregada como propiedad de Dios. Ahora bien, no era necesario que esto se repitiera en todas las edades, siempre y cuando un determinado informe y registros de estos hechos pudieran ser transmitidos a sus oídos. En el establecimiento de una nueva ley, se necesitan señales y maravillas para declarar que es de Dios, pero cuando la iglesia está en posesión de ella, estas cesan. Así en la iglesia cristiana, cuando el evangelio se puso en pie por primera vez, se confirmó con señales y prodigios, pero estos ahora son innecesarios. Haga una comparación de la forma como fue entregada ley con la forma en que fue entregado el evangelio teniendo en cuenta lo registrado en Hebreos 2:2-4, “Porque si la palabra dicha por los ángeles fue firme, y toda rebelión y desobediencia recibió justa paga de retribución, ¿Cómo escaparemos nosotros, si tuviéremos en poco una salvación tan grande? La cual, habiendo comenzado a ser publicada por el Señor, ha sido confirmada hasta nosotros por los que oyeron; Testificando juntamente con ellos Dios, con señales y milagros, y diversas maravillas, y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.

[2]. Si hubieras vivido en la era de las señales y maravillas, hubieras notado que también había corazones duros, incrédulos, blasfemos y tentadores de Dios entonces, veamos el Salmo 78:22-24, “Por cuanto no habían creído a Dios, Ni habían confiado en su salvación: a pesar de que mandó a las nubes de arriba, Y abrió las puertas de los cielos, e hizo llover sobre ellos maná para comer, Y dióles trigo de los cielos”, etc., vea también el verso 32, “Con todo esto pecaron aún, Y no dieron crédito a sus maravillas”. De esta forma concluimos que las obras extraordinarias no tendrán efecto sobre ellos, estas no tendrán efectos sobre quienes no funcionan las obras ordinarias.

Objeción. Pero para aquellos que trabajan en la conversión de los indios y los lugares remotos del mundo, ¿sería tentar a Dios pedir el regalo de los milagros?

Respuesta. Yo no puedo establecer una posición sobre esto. Se puede buscar a Dios con humildad para ser dirigidos en los dones de lenguas y sanación, siendo estos muy necesarios para los instrumentos empleados en esta obra, así como también podemos esperar que Dios de convicción a las naciones. No me atrevo a determinar nada en este caso, pero estoy satisfecho con las razones que presenta Acostus de por qué Dios no ofrece milagros ahora, como en los tiempos primitivos. En aquel momento fueron enviados hombres sencillos e ignorantes a predicar el cristianismo entre las naciones, donde muchos estaban armados e instruidos contra esto con todo tipo de conocimientos y filosofías, pero ahora los hombres eruditos son enviados a los ignorantes, y son superiores a ellos en razón, en civilización y en autoridad, además ellos presentan una religión mucho más creíble que la suya, que no pueden soportar mínimamente la luz.

2. No corra en ningún pecado conocido voluntariamente, como si quisiera probar hasta dónde llega la paciencia de Dios, ni tampoco maltrate su bondad paternal continuando en sus ofensas. Cuando un hombre prueba la paciencia de Dios teniendo en poco sus amenazas, o las instancias de su ira, las cuales están claramente ante sus ojos, está poniendo a prueba a Dios, es como si se preguntara ¿Me castigará? ¿Sí o no? Recuerda que no eres rival para Él, lea Isaías 45:9, “¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra!”. Así también como Abner le dijo a Asael en 2 Samuel 2:21-22, “Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda, y echa mano de alguno de los hombres, y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de él. Y Abner volvió a decir a Asael: Apártate de en pos de mí; ¿Por qué he de herirte hasta derribarte? ¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano?”. Así que si quieres ser tentador y tratar de sacar tus propias conclusiones, experimentando, mejor fíjate en las intromisiones de los hombres con los de su nivel, aquellos que les son coiguales, no desafiando a uno que está infinitamente por encima de ellos. Que el hombre frágil haga frente al hombre, pero que se cuide de si está teniendo intromisiones con Dios, vea Ezequiel 22:14, “¿Estará firme tu corazón? ¿Serán fuertes tus manos en los días en que yo proceda contra ti? Yo Jehová he hablado, y lo haré”. Muchos necios pretendiendo ser profetas dicen, “es un mal, y debo soportarlo”, aguantarlo lo mejor que pueda. ¿Qué? ¡Soportar la pérdida del cielo! ¡Soportar la ira del Dios Todopoderoso! Si Raquel no pudo soportar la pérdida de sus hijos, ni Jacob soportar la supuesta pérdida de José, quien ante esto dijo, “Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre”, Génesis 37:35. Si Aitofel no podía soportar el rechazo de su consejo, ni Amán podía soportar ser rechazado por Mardoqueo, y muchos no pueden soportar la pérdida de un hijo amado, ¿Cómo soportarás la pérdida de la felicidad eterna? Los discípulos lloraron amargamente cuando Pablo dijo: “Ya no verán más mi rostro”, Hechos 20:38. ¿Qué harás, entonces cuando Dios diga: “Ya no verás más mi rostro”? ¡Ah! ¡Miserable! ¿Cómo puedes soportar la ira de Dios? No puedes soportar ser quemado unos días con llamas febriles, no puedes soportar los agudos dolores de los cálculos y la gota, ni cuando Dios arma las debilidades de tu propio cuerpo contra ti, tampoco puedes soportar la quemadura de un poco de pólvora que se inflame accidentalmente, no puedes soportar los dolores de un brazo o una pierna rota, ¿Crees que puedes soportar la ira de Dios cuando Él caiga sobre ti con todas sus fuerzas?

3. Cuando nos encontremos en la indigencia y muy angustiados esperemos a Dios con paciencia, de acuerdo a las prescripciones de sus promesas, y esperemos que obre libremente en su tiempo sin prescribirle tiempos ni medios. Dios conoce cuál es el tiempo más apto y muchas veces se deleita en confrontar nuestra impaciencia y probar nuestra fe como podemos observar en Mateo 15:28, “Oh mujer, grande es tu fe”. También Él se complace en demostrar que su ayuda no puede ser atribuida al azar ni a nuestra industriosidad, e incluso para que podamos ser premiados al recibir sus bendiciones, finalmente considere que usted no puede estar más angustiado que Cristo, quien parecía ser abandonado ante el poder de satanás, angustiado por una dolorosa hambre a través de su ayuno. Al diablo se le permitió tener poder sobre su cuerpo, para llevarlo a uno de los pináculos del templo, y sin embargo, demostró una esperanza invencible y confianza en Dios, que lo llevó a no dar ni un solo paso fuera del camino para intentar procurar su preservación en un peligro tan inminente.

Ahora que usted sabe que no puede tentar a Dios tenga en cuenta:

[1]. Deje que su corazón esté profundamente poseído por las aprehensiones de la bondad, la sabiduría, y el poder de Dios. La Escritura nos dice que lo debe estar por su bondad, lea el Salmo 119:68, “Bueno eres tú, y bienhechor”, y también Salmo 145:9, “Bueno es Jehová para con todos”. Por su sabiduría, Isaías 28:29, “para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría”. Sus propósitos a menudo nos son ocultos, pero Él hace todas las cosas bien; Dios puede hacer más por nosotros en el presente de lo que parece probable, por lo tanto, no lo tentemos limitándolo a nuestro tiempo, medios y maneras. Él puede aun amándonos retrasar su ayuda como leemos en Juan 11:5-6, “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro”, verso 6, “Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba”. Así también, para confiar más en su poder y dominio soberano, no hay mejor argumento que el prefacio y la conclusión de la oración del Señor. En cualquier estado en el que te encuentres reducido, aún se debe confiar en Dios que es “Padre nuestro que estás en el cielo” y “Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás”, así también 2 Timoteo 1:12, “yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. De esta manera, sea cual sea nuestra situación Él es un Dios en el que podemos confiar.

[2]. Quédese con la firme convicción del cuidado y la providencia de Dios por su pueblo, y así descanse en que Él te cuida particularmente. Esto nos lo aseguran las experiencias y las promesas. Veamos las siguientes promesas en 1 Pedro 5:7, “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”, Filipenses 4:6-7, “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Ahora veámoslo por la experiencia, como lo demuestra Mateo 16:8-9, “¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan? ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis?” Cristo estaba enojado con sus discípulos, quienes se encontraban preocupados por el pan, ellos habían experimentado últimamente su poder para proporcionar este alimento a gusto de forma tal que no cabía lugar a dudas. Use los medios que Dios pone en sus manos, y confíele el éxito a Él. No tienes que estar ansioso por nada en este mundo.

[3]. Deja que esto produzca en ti una santa convicción de confianza y obediencia, o una esperanza invencible en Dios, y una estrecha unidad con Él, sean cuales sean tus peligros, tus estrecheces y tus apuros, así verás cómo esto protegerá tu corazón contra todo intento de tentar a Dios.

Unas exhortaciones finales:

(1). Haga la resolución de confiar y depender de Él, vea Job13:15, “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré”. Esta es el alma que está preparada para ser fiel a Dios y contenta de soportar todo lo que Él envíe.

(2). Manténgase adherido constantemente a su deber, “Espera en Jehová, y guarda su camino”, Salmo 37:34. No dé un paso fuera del camino de Dios aunque le ofrezcan todo lo mejor de este mundo. Los extremos más grandes deben ser soportados antes que ceder al pecado más pequeño, vea Daniel 3:17-18, “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado”. Pide el favor de Dios, y Dios siempre estará contigo y cuando parezca que te quedas en la miseria recuerda Juan 8:29, “Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada”.

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