La Cuestión del Diezmo

Por el Reverendo Bob Burridge

Reverendo Bob Burridge. Fue maestro de Ciencias, Matemáticas, Biblia y Programación de Cumputadores. Pastor Reformado, ejerció el ministerio por 25 años en la Grace Presbyterian Church (PCA) en Pinellas Park, Florida. Actualmente es el director del Instituto Ginebrino de Estudios Reformados.

Hay diferentes puntos de vista con respecto al principio de diezmar nuestros ingresos a la iglesia. La confusión sobre la ley del Antiguo Testamento ha dejado dudas sobre cómo encaja el principio del diezmo en la actualidad, en las edades posteriores al trabajo final de nuestro Señor en la cruz.

Algunos ven en el acto de diezmar como un remanente del antiguo sistema levítico dado a los judíos por medio de Moisés, que fue eliminado en el cumplimiento del Nuevo Testamento. Algunos descartan esta práctica como “legalismo”. Pero esto no es un uso preciso del término. El legalismo es la confianza en nuestras obras para eliminar nuestra culpa, o mejorar nuestra comunión con nuestro creador. El legalismo no significa tener una gran consideración por los principios morales que Dios nos enseña a obedecer. El legalismo es condenado en la palabra de Dios, pero no todo lo que llaman “legalismo” está etiquetado de forma precisa. No es legalismo cuando queremos obedecer lo que Dios nos manda que hagamos en la adoración, la oración, el matrimonio, el respeto a la vida y la propiedad o cosas como estas. Lo mismo es cierto acerca de cómo Dios nos dirige en nuestro dar a la iglesia.

Un estudio razonable de las Escrituras es la única forma en que podemos obtener una comprensión más sólida de cómo debemos ver la práctica del diezmo en esta era de la iglesia.

La Biblia nos enseña algunos principios básicos de la economía

Un principio básico sobre el cual se fundamenta todo lo demás es que el Creador es el Señor sobre todo. Dios tiene posesión de todas las cosas porque hizo todo lo que existe, incluso cada uno de nosotros, los seres humanos. El Salmo 89:11 es sólo uno de los pasajes que lo deja muy claro. Dice: “Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú lo fundaste.”

Dios nos creó para mostrar con gozo su gloria. Una forma de hacerlo es ser fieles mayordomos de su mundo. Él nos asigna a cada uno de nosotros ciertas cosas de las cuales somos responsables. Génesis 1:26-28 nos dice que los humanos fuimos creados para gobernar el mundo que le pertenece a Dios, y por lo tanto, para tener dominio sobre este. Somos responsables de cómo lo administramos todo para su gloria. Debemos usar lo que Él nos suministra para suplir nuestras necesidades diarias, para avanzar en el Reino de Dios y para mostrar su compasión de cómo nos transforma de pecadores indignos en aquellos que muestran respeto a Dios, y cuidar las necesidades legítimas de otros.

Esto significa que lo que consideramos nuestra propiedad, en realidad es una “administración”, una situación de gestión. Sin embargo, esas cosas que Dios confía a los individuos, en realidad se vuelven suyas en un sentido. El octavo mandamiento prohíbe el robo. Eso significa que si hay una propiedad secundaria real de las cosas que Dios nos confía para que cuidemos como sus representante.

Lo que cultivamos o hacemos es nuestro, se convierte en nuestra responsabilidad personal. Ya que Dios es el dueño principal de todo, sólo Él puede establecer las reglas de como nuestra propiedad de las cosas pueden transferirse de una persona a otra.

Cuando somos empleados para ayudar a otros a producir o hacer cosas, lo que ganamos de ello se convierte en nuestro derecho. 1 Timoteo 5:18 dice “Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.”

Las cosas que poseemos pueden ser intercambiadas, vendidas o entregadas a otras personas. Esas acciones cambian la propiedad y la responsabilidad sobre las cosas cuando cambian de manos. Mientras no se halla hecho de manera fraudulenta, no se podrán retirar esas transacciones sin el consentimiento del nuevo administrador de las mismas.

Los impuestos son otra forma en que transferimos legítimamente lo que Dios nos da. Se convierte en responsabilidad de los gobiernos que Dios levanta para regir sobre la sociedad según los principios de Romanos 13. El deber del gobierno como ministro de Dios es proveer justicia civil y defensa nacional. Cuando Jesús enseñó que lo que es del César le pertenece al César, se estaba refiriendo a los impuestos.

Al momento de la muerte, su propiedad puede ser transferida a sus seres queridos o amigos como herencia. Los elegidos por el propietario cuando está vivo, se convierten en los administradores legítimos y responsables de estas encomiendas de Dios.

A veces obtienes compensaciones por las cosas si alguien las roba o las daña. Las restituciones que son pagadas se convierten en suyas a los ojos de Dios.

Cuando traes tus ofrendas a la iglesia, se convierten en propiedad legítima del Reino de Dios. La administración de estas, y su entrega, están reguladas por lo que Dios ha establecido en su Palabra.

El Diezmo en la Biblia

Hay muchos pasajes en la palabra de Dios que mencionan el “diezmo”. La palabra “diezmo” significa el “diez por ciento”. En el Antiguo Testamento está representado por la palabra hebrea ma’aser (מעשר). En el Nuevo Testamento es la palabra griega dekatae (δεκατη). Ambas palabras significan “décimo”.

Antes de tratar de presentar los diversos puntos de vista actuales, es importante rastrear este principio a través de sus usos en las Escrituras.

Este principio económico básico de darle a Dios una décima parte de nuestras ganancias parece haber sido conocido por el pueblo de Dios en los primeros capítulos del libro del Génesis. A pesar de que se registraron muy pocos detalles sobre la vida cotidiana en este periodo de la historia, la Palabra de Dios menciona la entrega de un diezmo en los primeros capítulos de las Santas Escrituras.

Génesis 14 – Abram le dio el diezmo del botín de la guerra a Melquisedec, quien no sólo era el Rey de Salem, también era un sacerdote de Dios. Abram hizo esto para honrar a Dios como el “Poseedor de los cielos y la tierra” (Génesis 14:20-22).

Génesis 28: Dios le prometió a Jacob prosperidad y su bendición. En agradecimiento juró ser fiel al diezmar de todo lo que Dios le diera.

La conciencia de este principio es claramente anterior a las leyes levíticas dadas muchos siglos después a través de Moisés. No se nos dice cómo Dios los hizo conscientes de que esta era una cantidad correcta para ofrendar. La Biblia no registra todas las cosas en las que Él dirigió a su pueblo a hacer en aquellos primeros días antes que hubiera una Biblia escrita. No sabemos cuál fue el medio que Dios usó para comunicar el mandamiento de orar, adorar, cesar del trabajo en sábado, ayudar a nuestros vecinos y otras cosas similares. Ellos fueron claramente entendidos en aquella larga edad antes del tiempo de Moisés.

Tal parece por estos ejemplos, que el diezmo era un porcentaje entendido por el pueblo de Dios en los primeros momentos de la historia registrada. Llamemos a tales cosas “Principios de la Creación”, ya fueron parte de nuestros deberes hacia Dios desde el inicio. Estas no son actividades redentoras que se centran en restaurar al pueblo de Dios debido a su caída en el pecado. El enfoque es el reconocimiento de Dios como Soberano, Santo y Glorioso Señor y Creador.

Muchos confunden el principio básico del diezmo con los diezmos Levíticos adicionales, las complejas reglas adicionales para su administración, y las otras ofrendas requeridas agregadas en el tiempo de Moisés. Las leyes y ordenanzas adicionales fueron principalmente redentoras. Se centraron en la promesa del pacto de expiación y salvación a través del Cristo venidero. Las leyes Levíticas fueron dirigidas a Israel como la nación teocrática de Dios. Son estas leyes, no los principios de la creación, los que se llevaron a un estado cumplido en la obra de nuestro Salvador.

De esos breves pasajes se desprende que la décima parte de lo que alguien llega a poseer a través de sus labores es la porción que Dios les llamó a regresar como parte de la adoración de su Creador y Proveedor. Debía usarse para apoyar la preservación y la presentación de la verdad y las formas de Dios para proporcionar adoración y ofrecer consejo, consuelo y ayuda material para la comunidad del pueblo de Dios.

Si una persona retuvo su diezmo para usarlo en sus propias necesidades, placeres o inversiones, esto fue llamado como robo a Dios Malaquías 3:8. Allí nuestro Señor dice: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas”.

Robar es cuando alguien viola estas transferencias legítimas de propiedad. Ese fue uno de los pecados devastadores en el tiempo de Hageo. Los profetas con frecuencia advertían a las personas que no descuidaran la práctica de diezmar. Cada vez que Israel dejaba de diezmar enfrentaba dificultades económicas. El texto de Malaquías es un ejemplo de esto. Cada vez que llegaba la reforma, el diezmo era restaurado inmediatamente por las personas arrepentidas, y los tiempos de dificultad económica terminaban.

Jesús sólo hizo referencia al diezmo una vez, pero mostró su apoyo. En Mateo 23:23 Él dijo: “! Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.”

Aunque Jesús los criticó por ser negligentes con respecto a las otras leyes de Dios “más importantes”, dejó en claro que todo lo que Él mencionó (específicamente los diezmos), eran cosas que no debieron haber dejado de hacer.

El diezmo continuó en la iglesia apostólica. Hebreos 7:1-5, usa la entrega del diezmo a Melquisedec por Abram para ilustrar cómo se debe honrar a Jesús de una forma no menos importante. El diezmo nunca es criticado, condenado o anulado en ninguna parte del Nuevo Testamento.

Darle a Dios su porción debida fue un tema importante en el Nuevo Testamento para proveer para la supervivencia de la iglesia, y para la pronta difusión del evangelio. Mientras que los diezmos adicionales conectados con el sistema Levítico ya no nos enlazan, el principio básico de la creación nunca fue abrogado directamente en la Palabra de Dios.

El diezmo fue tan generalmente aceptado en la iglesia primitiva que no fue un tema debatido como una de sus controversias. Tan temprano como en la época de Ireneo (120-202 d. C.) toda la línea de los primeros líderes cristianos hablaba constantemente del diezmo como una obligación continua.

El diezmo regular en los primeros siglos hizo posible que las iglesias establecieran hospitales, clínicas, escuelas, programas para los necesitados, apoyo para las artes y muchos otros esfuerzos que realmente ayudaron a la comunidad mientras le daban toda la gloria a Dios como proveedor. Fue un elemento económico clave que condujo a una civilización próspera y en auge.

Los Reformadores y aquellos que permitieron que la Biblia estableciera sus prioridades, han reconocido consistentemente el mandato bíblico del diezmo para la iglesia de Cristo en la era posterior a la resurrección.

Hay una advertencia importante que deberíamos agregar aquí. Aunque el diezmo es lo que debemos dar a Dios de todo lo que producimos y ganamos, no hay ningún mecanismo para su aplicación de parte de la iglesia. No vemos a los ancianos autorizados para investigar o recibir informes sobre los ingresos individuales y familiares.

El juicio que cayó sobre Ananías y Safira en Hechos 5 fue un acto especial de Dios. Su pecado fue una mentira intencional sobre su dar más allá del diezmo. La información en ese caso en particular fue recibida por la iglesia por medio de una revelación especial, no por ninguna investigación o auditoría mencionada. Los individuos y las familias son dejados a sus propias conciencias y amor por el Señor para honrar este principio de la creación.

Dar Para la Caridad

Ninguna persona puede dar para todas las necesidades y ministerios en el Reino de Dios. Deben hacerse elecciones. Nuestras decisiones deben basarse en principios extraídos de la Palabra de Dios. Necesitamos saber lo que Dios quiere que hagamos con lo que Él nos confía. Sólo tenemos mucho que dar, y hay muchos ministerios que sostener.

La mayoría de las personas desconocen a donde va su dinero una vez que lo dan. Los estudios demuestran que una gran parte del dinero aportado se destina a la organización de beneficencia, no a los necesitados o al propósito de caridad estipulado. Incluso las organizaciones benéficas más conocidas y confiables en ocasiones usan dinero donado para apoyar proyectos a los que un cristiano se opondría rotundamente.

Incluso cuando una organización de beneficencia hace lo que parece ser bueno, no se hace para la gloria de Dios como Cristo dijo que debería ser. En Mateo 5:16, Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” Muchas organizaciones caritativas dirigen la alabanza de sus buenas obras a los donantes o a la organización misma, pero sin intentar glorificar a nuestro Padre celestial.

Los Fariseos administraban las agencias sociales de la época, pero Jesús lloró por sus esfuerzos superficiales y vacíos. Sus acciones no fueron hechas para honrar los caminos revelados por Dios y su gracia soberana. Cuando Dios no es glorificado en Cristo, la criatura roba la gloria del Creador. Esto no es algo realmente “bueno”, independientemente del alivio material que pueda brindar a las personas beneficiadas.

Como hijos de Dios nos importan las necesidades sociales reales. Cuando las organizaciones benéficas llaman o se acercan a nuestra puerta, debemos tener en mente estos principios bíblicos.

Los Diezmos Fueron Establecidos Para Cumplir los Deberes de la Comunidad del Pacto

El diezmo sostiene a los ministros ordenados. A quienes se les encomendó la propiedad de la tierra debían trabajar. El trabajo de la adoración debía ser financiado por lo que producía ese trabajo (Números 18:21-28). Bajo el sistema Mosaico, este principio se ve en el hecho de que a los sacerdotes y los levitas no se les dio tierra para trabajar. Como se explica en el comentario de Keil y Delitzsch, su trabajo era “ser los guardianes y promotores de los mandamientos, estatutos y derechos de Jehová”. Los levitas recibieron el diezmo y debían dar una décima parte del diezmo a los sacerdotes por sus ingresos. El Dr. J. D. Michaelis calculó que esto era un salario considerable. Si los diezmos eran entregados fielmente, significaría que cada sacerdote recibía una porción aproximada a lo que sería el ingreso de cinco familias trabajadoras israelitas (Keil y Delitzsch comentario sobre Números 18:32).

En los últimos días después del cautiverio, las personas fueron fuertemente reprendidas por retener su diezmo, lo que hizo que los levitas y sacerdotes tuvieran que salir y trabajar en los campos para sostenerse a sí mismos.

Dios siempre ha esperado que su pueblo sostenga fielmente a sus ministros. Este principio del Antiguo Testamento fue confiado como el fundamento de cómo la iglesia del Nuevo Testamente debía apoyar a sus ministros. En 1 Timoteo 5:17-18, Pablo escribió: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.” El ejemplo de Pablo es una cita de la ley en Deuteronomio 25:4. Él obviamente creía que este principio todavía se aplicaba a la Iglesia del Nuevo Testamento.

Ese texto de Deuteronomio también se cita en 1 Corintios 9:7-9. Luego en el versículo 14, Pablo aplicó este dicho: “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.”

En Mateo 10:10, Jesús envío a los Doce para que dependieran de los creyentes que trabajan. Allí dijo: “ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.” El total sostenimiento de los ministros de Dios, debe venir del dar del pueblo de Dios. Ese dar se basó principalmente en la práctica del diezmo aceptada y previamente revelada.

El diezmo también cubre los costos materiales de la adoración. Cuando Dios comenzó a mostrar su especial presencia a las tribus de Israel, el Tabernáculo y más tarde el Templo tuvieron que ser mantenidos. Hubo costos para proveer todo lo que se necesitaba para continuar con los sacrificios, proveer las vestimentas sagradas, mantener el mobiliario y las estructuras, y demás. Hoy los costos de la adoración son diferentes. Tenemos que pagar para recibir agua, electricidad, calefacción, techo, materiales educativos, etc.

El diezmo proporciona alivio para aquellos que no podían proveerse para sí mismos. La Biblia no nos dice que simplemente nos aseguremos de que todos en la sociedad tengan las mismas ventajas materiales y posesiones que todos los demás. Sin embargo, debemos usar los diezmos y otras ofrendas materiales para alimentar, vestir y ayudar a aquellos que verdaderamente se encuentran incapacitados para trabajar, siempre y cuando honren a Dios al recibir esta ayuda.

El declive del diezmo en nuestro mundo moderno dio lugar a impuestos crecientes por parte de los gobiernos. El estado de bienestar es el resultado de una aplicación bien intencionada pero mal dirigida del principio de cuidar a los necesitados. Las instituciones sociales se humanizaron bajo el sostenimiento del gobierno y las crecientes regulaciones. El escritor cristiano Dr. Rushdoony hace décadas observó que, “sin el diezmo, un estado totalitario se desarrolla progresivamente para jugar a ser Dios sobre la sociedad.” (Institución de la ley bíblica, p. 510).

Hoy muchos creen que sólo un gobierno central fuerte puede ayudar a los pobres. Los impuestos se incrementan. Se gasta más, pero se logra menos. Las capas adicionales de burocracia son más costosas para su funcionamiento, impersonalizan la atención y fomentan la dependencia. A pesar de nuestra “guerra contra la pobreza” un conjunto de oficiales estiman que un porcentaje significativo e innecesario de estadounidenses está atrapado en la pobreza perpetua. Esa es una situación trágica e inexcusable.

Un orden social completamente diferente es posible si el diezmo fuera restaurado en una sociedad que honra a Dios. Para empezar, se necesita una regla más honesta para identificar a los necesitados. Un estudio fue realizado por el Dr. E. Calvin Beisner y publicado en el Christian Worldview, serie editada por el Dr. Marvin Olasky. Sus hallazgos muestran que al usar estándares bíblicos en lugar de simplemente los niveles de ingreso, el porcentaje de personas atrapadas en la pobreza es mucho menor, casi una décima parte de lo que producen las mediciones actuales. El resto de personas no puede ser productiva si los ayudamos.

De acuerdo con esos estudios, si los miembros de la iglesia estadounidense dieran el diezmo de sus ingresos a sus iglesias locales (incluso si parten sólo de su sueldo neto descontando los impuestos) usando las infladas estadísticas de pobreza del gobierno, podríamos subir a cada estadounidenses pobre por encima del nivel de pobreza establecido por el gobierno, incluso si no contribuyen con nada a la iglesia, simplemente dándoles su ingreso anual. Este estudio propuso que esto sólo tomaría el 53% del diezmo. El 47% restante de los diezmos seguiría siendo mucho más que la cantidad actualmente entregada a las iglesias para sus propios ministerios.

Usando la definición más bíblica de los verdaderamente necesitados, sólo tomaría una centésima parte de nuestros diezmos para acabar con la pobreza en Estados Unidos por completo, incluso si sólo los miembros de la iglesia entregan el diezmo sin contar a nadie más. La idea de que se necesita un gobierno grande para resolver la pobreza no es consistente con estos hallazgos. La Biblia nos instruye de muchas maneras para ayudar a los pobres. No sólo se les entregó el dinero asignado del diezmo para vivir. Pero ese es otro tema digno de ser estudiado en un momento posterior.

La mayoría de personas en nuestra cultura actual ha abandonado los principios bíblicos y ha rechazado honrar al Dios de las Escrituras. Los desafíos económicos resultantes nos recuerdan los mismos problemas que Israel enfrentó en esa época en que no dieron a los ministros de la iglesia como Dios les había instruido. La economía era sólo parte del problema. Fue un síntoma visible de asuntos espirituales más profundos.

Los Diezmos y Ofrendas Deben Ser Invertidos Apropiadamente

En ambos testamentos, el manejo de lo que se le daba a la iglesia era el deber de sus oficiales entrenados y ordenados. Antes del nacimiento del Mesías, los Ancianos de Israel juntos con los Sacerdotes y los Levitas estaban a cargo de supervisar asuntos económicos. Representaban la ley de Dios ante las personas bajo ese sistema mosaico. Debían asegurarse de que lo que se hacía fuera agradable para el Señor.

Cuando Cristo vino a completar el sacrificio y la adoración en el templo, los ancianos ordenados continuaron con el deber de supervisar los asuntos de la iglesia. Se agregó la oficina de Diáconos para llevar a cabo la supervisión de lo que los Ancianos determinaban. El libro de los Hechos y las Epístolas están llenos de tales comentarios (Hechos 4:35; 6:1-4; 14:23; 20:28-32; 1 Pedro 5:13; Hebreos 13:17; 1 Tesalonicenses 5:12-13).

Lo que le damos a la iglesia debe ser administrado por los oficiales que Dios ha designado. Deben examinar cuál es la mejor forma de usarlo para promover la gloria de Dios en la adoración local, en el trabajo misionero y en el cuidado de los necesitados. De hecho, dar se presenta en la Biblia como un acto de adoración. Toda adoración debe ser dirigida por los Ancianos a quienes la Palabra de Dios les encomienda como los que representan a Dios para las personas y el pueblo de Dios. Decidir cómo invertir todo lo que se da en la adoración también es su responsabilidad.

Cuando las organizaciones de beneficencia se pongan en contacto con usted solicitando donaciones, sea amable con ellos, pero también sea firme cuando no pueda dar para su causa de manera responsable. No puede apoyar a todas las agencias que piden ayuda. El principio del diezmo implica que nuestra ofrenda no debe dirigirse a ningún lado, sino a la iglesia y a los ministros que aprueba.

Si hay dudas de que lo que caritativamente destinas más allá del diezmo promoverá la gloria de Cristo, puedes explicar educadamente a quienes solicitan tu apoyo que tu convicción personal es dar a través de quienes y como lo direcciona tu iglesia. Puedes dar tus ofrendas adicionales más allá del diezmo para promover los ministerios cristianos aprobados por tus Ancianos y que satisfacen necesidades legítimas en el nombre de Cristo. Si los solicitantes de caridad no pueden respetar esa posición y aun así persisten, no es necesario ser grosero. Sé amable con ellos, pero explícales que no puedes violar lo que crees que Dios espera de ti.

Matthew Henry comentó el texto de Malaquías 3:10 de esta manera: “Traigan los diezmos completos al máximo como lo exige la ley, para que haya alimento en la casa de Dios para los que sirven en el altar, ya sea que haya alimento en sus casas o no.” “Que Dios se sirva primero, y así probarás si escucha, dice el Señor de los ejércitos, a ver si no abriré las ventanas de los cielos.”

En el versículo 9 Dios explicó que el hambre y la escasez de suministros en aquellos días antiguos eran advertencias y castigos de Dios. Tristemente en aquellos días ese tiempo de dificultad se convirtió en una excusa más para retener lo que le pertenecía a Dios. Ellos “¡robaron a Dios!” No sólo por el dinero sustraído de sus diezmos, sino también al robar lo que correspondía a la adoración dando una poca financiación al trabajo realizado en el templo.

No hay excusas, los principios de Dios siempre tienen la razón, y funcionan como una buena política económica.

Algunos se excusan de dar el diezmo al decir con orgullo que todo le pertenece al Señor, no sólo el diez por ciento. Llegan a la conclusión de que esto significa que todo lo que tienen ya le pertenece al Señor, por lo que no están obligados a llevar parte de ello a la iglesia para sostener a los ministerios de Dios. A menudo suenan nobles excusas que en realidad revelan un corazón muy codicioso. Lejos de ser una visión más elevada de las cosas, esta es una visión menor, ya que es Dios quien nos muestra en su Palabra que hay una porción que debemos traer. Ellos ignoran lo que representa la palabra “diezmo”. Lo que damos es un testimonio de que Dios es el dueño de todo. Evidencia la confianza, la gratitud y el amor del creyente por su Señor. Dios mismo estableció estos principios económicos como la forma en que las cosas deberían operar en su Creación.

Ananías y Safira en Hechos 5 afirmaron haber vendido todo lo que tenían y se lo dieron al Señor, pero guardaron parte de esto para sí mismos. Pedro dejó en claro que lo que ellos eligieran de lo que poseían era de ellos, siempre que mantuvieran el derecho de propiedad, pero mintieron al decir que lo habían dado todo a los Apóstoles. Como un ejemplo para nosotros, Dios los hirió de muerte. Todo lo que tenemos es verdaderamente del Señor, y Él nos lo confía como individuos y familias para que podamos administrarlo de manera responsable y honesta. Pero la parte asignada por Dios de los ingresos de nuestras labores debe ser dada a la iglesia para cumplir su misión.

¿Es posible diezmar si eres pobre?

Algunos preguntan: “¿Es posible diezmar incluso si tienes un pequeño ingreso?” Lo es, si creemos que el Señor es quien lo demanda y nos bendice.

Si bien los ejemplos no pueden ser una prueba, se pueden usar para ilustrar lo que Dios nos dice como verdad. Un joven llamado William se marchó de su casa a los 16 años. Sus padres eran demasiado pobres para mantenerlo. Al irse, un amigo le aconsejo que recordara diezmar de todo lo que recibiera para mostrar el señorío de Dios sobre su vida y su gratitud por todas las bendiciones de Dios. William fue a Nueva York e intentó fabricar y vender jabón. Honestamente empacó un producto de calidad y diezmó de todo lo que ganó. Su negocio se expandió rápidamente. Pronto pudo vivir con menos de su 90% y aumentó su donación más allá del diezmo para honrar al Dios que lo bendijo. Terminó siendo un hombre muy rico que donó más de un millón de dólares a la iglesia. Su nombre es bien conocido hoy no como William, sino por su apellido que se adjuntó a los productos que vendió. Él se llamaba William Colgate.

Del mismo modo John D. Rockefeller, A. A. Hyde (de la compañía Mentholatum), Kraft (el famoso del Queso), Heinz (el hombre de los encurtidos), Hershey (el fabricante de chocolates), Crowell (de la avena Quaker), trabajaron arduamente y eran reconocidos por diezmar de todas sus ganancias. El punto no es que cuanto más das, más obtienes. Ese sería un motivo terriblemente egoísta. No es que Dios prometa hacerte rico si das el diezmo. El punto es que estos hombres que fueron muy pobres cuando comenzaron, administraron sus presupuestos buscando honrar los principios de Dios. Vivían de lo que era suyo, sin tomar de lo que pertenecía a su Creador y proveedor.

El Señor nos dice “Después de derramar bendiciones financieras empiece a diezmar”. Él ordena; “Ustedes diezman, yo bendigo”. El equilibrio entre lo que Dios promete y lo que debemos hacer se mantiene solamente confiando en Dios y recibiéndolo de su Palabra.

Si le das a obras de caridad sin Dios, o si retienes el diezmo para gastarlo en tu propia comodidad y objetivos, no usas adecuadamente lo que Dios te ha confiado. La iglesia tendrá las luchas como las que vivió en el Antiguo Testamento, y no podrá cumplir con sus responsabilidades como debería.

Cuando decides honrar a Dios primero con una porción de lo que Él te confía, un nuevo tiempo puede comenzar, no solo para tu iglesia y tu sociedad, sino también para ti como un hijo obediente y agradecido de Dios.

Preguntas de estudio

1. ¿Cuáles son las principales razones que suelen argumentar muchas personas hoy para despreciar el principio bíblico de diezmar?

2. ¿Qué es el legalismo? ¿Se puede considerar como legalismo tener un alto respeto por los mandamientos de Dios y su obediencia?

3. ¿Cuál es la autoridad final para definir la cuestión del diezmo?

4. ¿Por qué es fundamental afirmar la enseñanza bíblica de que Dios es el Señor Soberano de todo lo que existe?

5. ¿En qué textos bíblicos encontramos el mandato de la mayordomía?

6. ¿En qué sentido las cosas nos pertenecen? ¿En qué sentido somos mayordomos administradores de las cosas de Dios?

7. ¿Quién establece las reglas bajo las cuales debemos administrar lo que Dios nos provee?

8. ¿Cuáles son los deberes del gobierno según Romanos 13?

9. ¿Qué textos bíblicos nos enseñan que el principio de dar los diezmos por parte del pueblo de Dios es pre-mosaico?

10. ¿Qué son los “Principios de la Creación” según el autor?

11. ¿Qué diferencia hay entre el principio básico del diezmo y los diezmos levíticos?

12. ¿Qué consecuencias registra la Biblia sobre el pueblo de Dios con respecto a la violación del mandato de diezmar?

13. ¿Qué posición asumían los profetas cuando el pueblo descuidaba el mandato de diezmar?

14. ¿Qué posición mostró Jesús con respecto al diezmo según Mateo 23:23?

15. En general ¿Qué observamos en el Nuevo Testamento con respecto al diezmo?

16. ¿Cuál fue la posición de la iglesia sobre el tema del diezmo en tiempo de Ireneo?

17. ¿Los reformadores desecharon el principio del diezmo y su práctica? Ver el comentario de Juan Calvino a Mateo 23:23.

18. ¿Qué conclusiones podemos extraer de Hechos 5?

19. ¿Cuáles son las razones bíblicas que nos motivan a dar el diezmo a la iglesia?

20. ¿Qué posición deberíamos adoptar con respecto a hacer donaciones a organizaciones de beneficencia?

21. ¿Cómo deberían ser invertidos los diezmos según la Biblia?

22. ¿Qué consecuencias ha tenido en el mundo moderno el declive de la práctica de diezmar? Ver la opinión del Dr. John Rushdoony

23. ¿Qué impacto se vería en la iglesia y el mundo como consecuencia de la restauración del principio de diezmar para honrar a Dios?

24. ¿Qué consecuencias tiene el asistencialismo y la ayuda no legítima que genera dependencia en las personas?

25. ¿Quiénes deben administrar los diezmos y ofrendas? ¿Cuál debe ser el propósito principal en dicha administración?

26. ¿Qué representa el diezmo y qué testimonio expresamos al darlo?

27. ¿Qué enseñanza nos deja el testimonio de hombres como William Colgate, Heinz, Hershey, Crowell? Ver 1 Samuel 2:30; Proverbios 3:9-10.

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